Desde Montevideo/Eduardo Mérica para FM FUTBOL.

Es domingo a la noche, día de celebración de un nuevo Aniversario del Wilman, los grados que rozaron el cero del frío no fueron tantos y las bocas que exhalaron humo no fueron tan gráficas como el termómetro para medir la temperatura ambiente de la fiesta. Porque el frío parecía que invadía todo. Menos los 81 años recién cumplidos del club. Y la aparición de Marcelo Bravo del Rosarino Central, elevó el mercurio. Y un banderín de antaño fue el responsable de un milagro. Es que el emblema paralizó a los presentes y nadie fue mezquino para demostrarle el amor hacia su efectividad de generar tanta pasión. Siendo parte eterna de la escenografía del lugar. Parte de la historia regresa a su lugar de origen luego de ser ubicado el mismo en una feria fernandina. Y desencajado de alegría, allí estaba Carlos Porres, el presidente y dueño de conservar ahora el amor.