A partir de ahora son ellos los que, sin quererlo, definirán muchas cosas para el futuro del Club Wilman. Lo que no se modificará es la pasión de su gente. Eso va más allá de los proyectos. Y muestras, hay de sobra. Como las que se vieron en la esquina de Zapicán y Santa Fé del barrio Arroyo Seco.
FIN DE AÑO 2024. DESDE MONTEVIDEO/Eduardo Mérica para FMFUTBOL
Y un mediodía como los de antes volvimos a ser vecinos naturales de Arroyo Seco, barrio que acuna esa leyenda inmensa que es el Club Deportivo y Social Wilman. Hoy, éramos la mayoría que no íbamos seguido por el barrio... Así que, cuando fuimos llegando para el almuerzo concertado al mediodía en la calle y en la esquina de Zapicán y Santa Fé, aperitivo incluido en el bar-restaurante Los Pepes, allí empezamos a saludar a los viejos vecinos que asistían al milagro de verlos reunidos. Y paramos de conversar recién para la foto en la que, en el fondo, aparece la frase que nos identifica de por vida, y aparece ahora el retrato enorme de un WILMAN FAMILIERO (sonriente como siempre), pintado a lo Codevila como si fuera 1944. Es que nos plantamos en el corazón del Arroyo Seco, lugar obligado de todas las citas, y no faltó un recuerdo emocionado para un grande: Héctor Codevila, genio entre genios...
Y cuando al final intentamos preguntarle a uno por uno si les hubiera gustado otra fiesta, nos miraron a los ojos, volvieron a cuerpearnos y a contemplar con mutua aspiración, el espíritu siempre joven y generoso que nos da el tiempo...
El tiempo nos ha unido como NUNCA.
Y mientras el sol cae sobre las calles de Arroyo Seco, allá arriba en el cielo, los cuatro fundadores del Wilman, seguramente orgullosos estarán de verlos unidos a los vecinos: verlos juntos, respetuosos y respetables como es verdaderamente una familia.
Y cuando al final intentamos preguntarle a uno por uno si les hubiera gustado otra fiesta, nos miraron a los ojos, volvieron a cuerpearnos y a contemplar con mutua aspiración, el espíritu siempre joven y generoso que nos da el tiempo...
El tiempo nos ha unido como NUNCA.
Y mientras el sol cae sobre las calles de Arroyo Seco, allá arriba en el cielo, los cuatro fundadores del Wilman, seguramente orgullosos estarán de verlos unidos a los vecinos: verlos juntos, respetuosos y respetables como es verdaderamente una familia.
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